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EL ESCRITOR MALDITO

Partiendo de la nada alcancé las más altas cimas de la miseria
1月16日

La preocupación

     Pasaban las horas y ella no volvía. Salió por la mañana, temprano, tenía mucho que estudiar en la biblioteca aquel día; llevaba solamente una rebeca verde y sus libros bajo el brazo, ya comería algo por ahí. Ya era tarde, no había llegado para la cena, ¿dónde se podía haber metido esta muchacha? ¡porque estudiando a esas horas no estaba seguro!. Cuando llegue le va a caer una buena reprimenda; lo que no puede ser es que esté todo el día sin dar señales de vida, ¿si tan sólo tiene dieciocho años!.  No me vale como excusa que está muy agobiada con los examenes finales, si hubiera aprovechado mas el tiempo no tendría ahora esas prisas. Si está estudiando no está muy mal del todo, lo malo es que me esté engañando y esté con ese chico, si el de...el de las pintas tan raras, ¡con ese peinado que lleva!, estarán sus padres contentos con él. Y esta niña sin venir, ¡eso es lo que dan los hijos preocupaciones!, cuando venga se va a enterar........

    -¿Adela con quién habla usted?-preguntó la enfermera. -Con mi hija Laura-. Pero señora Adela ya no se acuerda usted, sino tiene ninguna hija, ni estamos en su casa, ¿ya no se acuerda?, ésta es una residencia para mayores sin familia, venga tomese las pastillas y a dormir. -¿Entonces no tengo ninguna hija?-, no Adela, no tiene usted ninguna hija.........

 
5月22日

La Frontera 2

La pensión se venía abajo, era un lugar en decadencia que servía de refugio a los inmigrantes hasta que pudieran zarpar en la patera. Alí Majhadal, nuestro contacto en Ceuta, nos dijo que no nos impacientáramos, que pasarían semanas enteras hasta que puedieramos alcanzar Europa. Así que no nos quedó más remedio que deambular por la ciudad, sin mas obligación que pensar como serían nuestras vidas cuando llegáramos. Hice buena amistad con otro senegalés llamado Toumani, éramos inseparables, Seyni y Toumani "los gemelos" es como nos llamaban los compañeros de pensión, pero no por nuestro parecido fisico, ya que él era delgado como una espiga, mientras que yo era robusto, pero bueno la gente saca estos apodos algo absurdos, que le iba a hacer. Teníamos pensado alquilar juntos un piso cuando llegáramos a España y consiguiéramos trabajo, nos íbamos a llevar bien y había que ahorrar dinero para envíarselo a nuestras familias o para traerlos con nosotros.
La noche estaba calmada, la previsión meteorológica era buena, pero en el Estrecho nunca se sabe. La patera nos esperaba en una cala desierta del tránsito humano. Volví a tener la misma sensación que semanas atrás cuando me disponía a saltar la verja, una mezcla entre ilusión y miedo, de sudor y frío. Llevábamos lo justo apenas algo de equipaje con unas cuantas prendas de vestir. Alí nos pidió silencio y que embarcáramos rápido, él se quedó en tierra, tenía que seguir haciendo de enlace en Ceuta. El piloto de la patera se llamaba Faisal y nos tranquilizó, dijo que ya había echo el recorrido muchas veces. A mí no me preocupaba él sino el trasto en el que íbamos a lanzarnos al mar, su madera crujía a cada leve movimiento y el motor que tenía acoplado tampoco me daba la más mínima seguridad, pero si tenía algo claro es que eso no me iba a echar atrás en mi decisión de alcanzar Europa. En mi país no tenía ninguna oportunidad de salir adelante, ahora por lo menos tenía una, y quien tiene un sueño  tiene la vida.
Zarpámos, el mar en calma, hacía frío a pesar de la época del año, el silencio reinaba, no era momento de hablar, nadie podía asegurarnos que iba a salir bien aquel viaje. Debiamos ir pendientes de que ninguna patrullera, ni ningún helicóptero de vigilancia de la Guardia Civil nos avistase, ese sería nuestro fin. El mar empezaba a agitarse, Faisal intentaba calmarnos, diciendo que era algo totalmente normal y que ya quedaba poco para llegar a la costa; la patera se balanceba cada vez más.............. continuará.  
3月26日

La Frontera

Caminábamos entre el silencio y la oscuridad, sólo rotos por los destellos de la linterna del guía y sus advertencias para que guardáramos un absoluto silencio sino queríamos alertar a la policía fronteriza. Marchábamos en fila por un estrecho camino entre los matorrales, el sudor corría por la espalda a pesar del frío nocturno. Llevábamos muchos meses de viaje pasando penurias y lamentaciones como para fallar ahora que estábamos tan cerca de Europa. El miedo y los nervios eran patentes en nuestras miradas, pero todos nosotros albergábamos un destello de esperanza, de que el nuevo mundo nos ofreciera la oportunidad de salir de la miseria y de la incapacidad de hacer algo por nuestras familias. A lo lejos empezamos a ver luz en las torretas de vigilancia de la frontera. Nos fuimos hacia un recodo en el que no llegaba luz de ninguno de los enormes focos que alumbraban la valla; el guía sacó de entre los matorrales y semienterradas cuatro escaleras, nos dividimos en dos pares de grupos lanzándonos inmediatamente hacia la enorme verja. Mientras esperaba mi turno para ascender por la escalinata de fabricación casera y con pocas garantías de aguantar todo el peso que tenía que soportar, vi al guía huir rápidamente a través del monte, en ese momento me percaté de los ladridos de los perros y de unas luces que se acercaban velozmente hacia nosotros. Los nervios empezaron a aparecer, el silencio se rompió por los gritos de terror de mis compañeros, los empujones por alcanzar la escalera y subir eran desesperados. No, no podía fallar tan cerca, Europa estaba a uno metros y el alambre de espino no me iba a detener; salte desde todo lo alto, caí, sentí dolor pero daba igual, eran mis primeros pasos de mi nueva vida. Corrí, nadie me detendría, tenía todo el cuerpo arañado y la sangre brotaba caliente. Había perdido de vista a casi todos mis compañeros, todos huíamos. Teníamos que conseguir llegar a Ceuta, a la pension "puerta de África", allí nos runiríamos con Alí Majhadal, él nos diría cuando nos íbamos  en patera a España, nos habían dicho que era peligroso, que había muchas posibilidades de no llegar vivos o que nos detuvieran, pero no es también peligroso no tener ni futuro ni esperanza en tu propio país, o acaso no es peligroso cruzar medio África durante meses, como para que me detuvieran sólo 14 kilómetros de agua para llegar al nuevo mundo, no, yo volvería a mi país como un triunfador.

 

Continuará..........

7月28日

El cuento rosa

Un día iban Marichalar y Mariñas juntos cuando de repente.......vieron a un pequeño saltamontes que se posó encima de la calva de Mariñas y le dijo...."tienes que matar a Karmele", Mariñas no se lo creía, pero al final dicidió hacer  caso al pequeño saltamontes y entonces.......Mariñas y el Marichalado se fueron en busca de la perversa bruja de los chismorreos Karmele. Se la encontraron en salsa tomatera despotricando de la infantita. Entonces Marichalado en un acto de locura se quitó sus pantalones de flores y se los puso a la malvada bruja Karmele mientras Mariñas la sujetaba. En ese instánte Karmele juró vengarse del Marichalado y toda su casta cuando de repente......apareció Jore Javier Vázquez con la espada mágica que conseguiría acabar con la perversa bruja de los chismorreos Karmele. Pero la situación se complicó cuando la malvada y complice de la bruja Karmele llegó.

 Se ocultaba bajo una capa negra, nadie conocía su identidad y entonces dejó caer la capa y todos puedieron ver que era...la Dukesa de Alba!!!!Marichalar sabía que sólo una de ellas era la bruja jefa, así que........Marichalado sacó la lámpara maravillosa, la frotó tres veces y salió Anita Obrerón y con su indicador de silicona de los todo a 20 duros le señalaron que en efecto la malvada bruja jefa era la Dukesa de Alba. Marichalado se puso nervioso ya que su arma más mortifera (sus pantalones de flores) ya los había utilizado contra la pérfida Karmele. A Jorge Javier, la vil bruja le mandó un conjuro que lo convirtió en heterosexual, (el peor castigo que le podían hacer), mientras que Marichalado se empezó a arrinconar sin saber que hacer mientras la Dukesa no paraba de lanzar conjuros ininteligibles para cualquier mortal. Cuando Marichalado iba a perecer apareció la hada Letrizia y gritó en voz alta: ¡¡¡DÉJAME HABLAR A MI!!!. Al escuchar esto La Dukesa de Alba dijo: hada Letri me vengaré de ti y ojalá tus nietos sean taxistas como tu abuelo y no reyes; y la bruja jefa y la chismorreadora de la Karmele salieron volando sobre sus micrófonos.

 A Letrizia se le quedó el cuerpo cortado pensando si la maldición le haría efecto, entonces Marichalado propuso que........fueran al santuario más poderoso de la tierra, el santuario del Rosio, donde se encontraban todos los espíritus de los famosos. A Letrizia le pareció estupendo ya que era la única solución lo suficientemente poderosa para acabar con los conjuros de la terrible bruja la Dukesa de Alba. Se pusieron en camino los dos ya que Jorge Javier a causa de la maldición sól lanzaba pirópos y pellizcaba el culo de las mujeres. Al llegar al santuario del Rosio les dijeron que se querían invocar a los espírtus para que los ayudaran tendrían que bailar y cantar sevillanas como ofrenda santa. Y sin pensarselo dos veces el hada Letrizia y el Marichalado se enfundaron los trajes de rosiera con lunares y peineta incluida, e imbocaron a los espiritus. 7 copas de vino y 23 bailes después se presentó ante ellos el espíritu de Karmiña Hordóñez; les dijo que la única forma de que el hechizo sobre los hijos de Letrizia se quitara era cortandole a la bruja uno de sus rizos rubio de bote y por supuesto no podían cortarlo de cualquier forma sino con las tijeras mágica de podar setos.

El hada Letrizia y Marichalado se presentaron delante de la cueva de la bruja, que realmente no es una cueva, sino que era un suntuoso palacete imperial que se llamaba así "la cueva". Consiguieron entrar y se presentaron en el laboratorio de la Dukesa donde estaba ella con Karmele preparando las mentiras en una olla hirviendo que iban a llevar a "Aquí hay salsa roseada"; al verlos llegar Karmele se lanzó sobre ellos, pero Marichalado hábil de reflejos le quitó el micrófono maligno a Karmele, y ésta al ver que ya no podría hacer entrevistas se diluyó como una pastilla efervescente. Mientras tanto Letrizia se lanzó sobr e la Dukesa y con las tijeras de podar setos le cortó un mechón. Entonces la Dukesa mientras moría lentamente hablaba sin parar sobre todos los cotilleos del corazón, pero eso no era lo más extraño, sino que lo relamente raro era que se le entendía todo, hasta la última palabra. Muchos años después Letrizia se separó del principito (pero no el de Antoine de Saint-Exupery, sino el Felipin) y se lió con el Marichalado, y sus hijos no eran taxistas sino que esquiaban sin parar y navegaban en sus yates y todos fueron felices y comieron pollo a la pantoja...........

FIN

7月26日

Disculpen mi tardanza

Disculpen mi tardanza,
en escribirles unas letras,
pero entre formateos, virus y otras tretas,
les he echado en añoranza.
 
Mas creo que esta ya todo arreglado,
crucemos los dedos,
para repeler los virus forasteros,
y que al final este todo solucionado.
 
Recompensarles debo,
mas no lo duden,
hasta  mi cerebro quemo.
 
Primero estas palabras,
que no se merecen estar en las nubes,
porque al español escalabran.
7月10日

El vagabundo profeta

Te fuiste igual que llegaste, silencioso, sin hacerte notar. Creo que siempre te vi en el mismo sitio, subido a tu caja de naranjas gritando y blasfemando contra todo y todos, que si en los políticos no se podía confiar, que si los banqueros eran unos ladrones, que los abogados eran unos interesados y todos los que pasabamos por allí que si eramos unos aburguesados que no nos enfrentábamos a la realidad....
Al principio no te hacia ningún caso, sólo pensaba que eras un vagabundo chalado que gritaba estupideces subido en una caja. Eras la distracción que tenía de camino entre mi casa y el trabajo; al que miraba con una pizca entre lástima y humor por tus conjeturas y tus ideales. Lo fácil era que yo si me fijara en tí, pero no que tú te fijaras en mí, ya que yo sólo era unos más de los cientos que pasaban delante tuya al cabo del día. Pero no se que me viste aquel día en el que me paré delante tuya a escucharte unos momentos y te dirigiste a mí; no era muy común que  te fijaras en nadie en especial, tus gritos eran casi siempre a la multitud. Ese día me llamaste pobre burgués, me dijiste que despertara y empezara a ver la realidad  que me rodea; te contesté que yo siempre ando con los ojos bien abiertos y que no me hacía falta que ningún profeta de tres al cuarto me dijera lo que tengo que hacer con mi vida. Seguiste hablando de lo que importa realmente en la vida, que el dinero era la gran enfermedad de nuestra época, la ámbición de poseer todo lo que nos ofrecen por la televisión, las vidas prefabricadas que nos obligan a aceptar desde que somos pequeños. Yo empezando a indignarme con el vagabundo le contesté que yo siempre hice lo que quise, estudíe lo que me gustaba, trabajaba de lo que habia estudiado y que me había enamorado y desenamorado como todo el mundo; me marché bastante furioso, pero con la intención de no volver a pensar en aquella conversación y con el propósito de que cada vez que pasase por delante del vagabundo profeta no hacerle ningún caso.
Cada vez que pasaba por allí dejaba de gritar su habitual discurso, se dirigía a mí y me llamaba burgués y que tuviera los ojos bien abiertos. Yo me limitaba a decirle que me dejara en paz y seguia camino del trabajo.
Aquella mañana al pasar por donde se ponia el vagabundo vi un gran cúmulo de gente, muchas más de la habitual, me acerqué por curiosidad haber que tramaba ese viejo loco para atraer a tanta gente. Me fuí haciendo hueco entre las personas hasta que detuvo mi paso una cinta de plastico de la policía, de las que utilizan para acordonar una zona por un crimen. Él estaba alli boca abajo destrozado a golpes y con el cuerpo chamuscado. La noche anterior unos skin heads se habían ensañado con él, le habían golpeado hasta dejarlo sin conocimiento, luego lo habían rociado con gasolina y le habían prendido fuego.
Todo se olvidó pronto para la mayoria de la gente, nadie iba a echar en falta a un pobre vagabundo, a los asesinos nunca llegaron a cogerlos, aunque todos sospechábamos quienes eran porque pandillas de skin heads por tu barrio no hay muchas. Yo lo sigo echando en falta, ya no paso por su sitio para ir al trabajo, voy por otro camino, que realmente es mas corto que por el que iba antes. La verdad que siempre pasaba por alli para ir a trabajar porque él era el único que hacía que me replanteara la vida, que la mirara como una joya que no despreciar como mi única maleta y como mi bagaje. Ahora que no está él prefiero no pasar por alli, todo me recuerda a ese viejo loco, cuánto le echo de menos......................
7月6日

El viaje interior 3

Ese día amaneció para mí a las ocho de la mañana y tras un breve desayuno de café con leche y churros me lancé a mi segundo día por Salamandra. Para hoy había decidido recorrer un barrio más humilde que el del día anterior y tras coger el autobús urbano me planté allí, decidí empezar por la calle Panaderos, era una calle estrecha, con edificios de tres o cuatro plantas, de aspecto sombrío, gris y frío; en los bajos había locales comerciales con diversos negocios, tiendas, etc; pero con un gran número de panaderías, pastelerías  y locales cerrados con aspectos de viejas tahonas de hace cincuenta años. La calle desprendía un gran olor a pan recién hecho. Tras esta breve inspección de la primera calle decidí no andarme con rodeos y utilizar la táctica de a por todas, consistente en ir casa por casa sin dejar ninguna, con la esperanza de que tarde o temprano alguna caería a mi saco de ventas.

      ¡Ding, dong!

      Buenos días señora, le presento personalmente el catalogo de libros de la editorial Culturizada S.A. con los que podrá disfrutar...

      No, no lo siento, no me interesa.

      Pero señora ¿como no le puede interesar la cultura? Le puede servir a usted, a su marido, a sus hijos...

      Que no, que no me gusta leer y perdóneme que tengo que seguir con mis tareas, eah con Dios y que venda muchos.

      Pero señora espere un momento...

 

Tarde cinco días en conseguir vender el primer libro, fue un tomo pobre del Quijote que incluía las dos partes del hidalgo manchego. Lo único por lo que merecía la pena eran por los grabados de G. Doré y por las tapas duras. El comprador fue un hombre de pocas letras, por no decir ninguna. Tenía una gran ambición por tener todo tipo de conocimientos, le interesaba absolutamente todo, desde la astrología hasta la informática, aunque no tenía conocimientos específicos de nada y mucho menos estudios, pero ambicionaba todo lo que le rodeaba. Me dijo que el Quijote sería su primer paso en la incursión que pretendía en la literatura, y mas que para él, quería que se inmiscuyera su hijo, que no tenía ninguna ambición por obtener ningún tipo de cultura, salvo la de los videojuegos y el Hip-hop. Pretendía que al introducirse él en todo el ambiente cultural y de los conocimientos también lo hiciera su hijo por imitación, ya que él tenía su futuro lo tenía asegurado como panadero, pero su hijo ni quería la profesión de su padre, ni quería estudiar.

 

Salí de la panadería con mi primer libro vendido, una cara de inmensa satisfacción y una barra de pan. Me senté en un banco de un parque cercano, solté los trastos de vendedor ambulante y me comí la media barra de pan seco con más hambre que el perro de un ciego. La barra de pan llegó a mi como un regalo de los dioses porque a esas alturas a mi me quedaba ya poco dinero y me había saltado alguna que otra comida. Tenía que administrar muy bien el dinero que me iba quedando, según mis cálculos me quedaba dinero para dormir en la pensión tres días más y comer una vez por día. Hasta final de mes no recibiría el ingreso de la editorial que me había contratado, con que con esas expectativas tendría que sobrevivir sin dinero un par de semanas.

 

Suelen decir que el primer paso siempre es el más difícil, y que una vez dado el camino se suaviza. En mi caso se puede decir algo parecido, ya que después de vender el primer libro todo fue mas fácil; no es que de la noche a la mañana me pusiera a vender sin parar, pero poco a poco fui adquiriendo experiencia y algunos trucos de comerciante. Aprendí que en cuanto te abren la puerta de la casa a la que has llamado, no hay que dejar que hable mucho al posible cliente, enseñándole todo

el catalogo, comentándole lo bueno de la afición de la lectura y además lo cómodo que era pagarlo todo en cómodos plazos y sin intereses; si se resistía, volver a contárselo todo una y otra vez resaltando la buena adquisición que haría y al menor síntoma de acceder a la compra plantarle en la cara los documentos para que los firmase. Si se conseguían dar todos estos plazos la venta estaba casi asegurada, el problema era cuando te cerraban la puerta nada mas abrir y no te dejaban tiempo de reacción.

Llevaba ya varios días con la dieta de una comida diaria forzada, seguía con mi ritmo de ventas que aún era escaso, ya me avisaron en la editorial que el principio sería duro, que vendería poco y me frustraría, pero que no me desanimara, todo era cuestión de tiempo y experiencia. Me senté en una mesa de una de las muchas terrazas que había en la plaza Mayor, pedí un café con la esperanza de poder descansar de las largas caminatas que me daba por la ciudad y tomar algo para reponer fuerzas, porque entre los paseitos que me daba llamando de puerta a puerta y la dieta obligada mi cuerpo perdía peso notablemente.

 (continuará)

7月1日

El viaje interior 2

El día uno de mi nueva vida empezó bien temprano en una estación de autobuses, cargado con un macuto con la ropa indispensable para unos días y con el maletín con toda la documentación y el catálogo de libros, con destino a Salamandra la ciudad de los estudiantes. La estación de autobuses era algo deprimente sobre todo a las siete de la mañana cuando sólo hay un cielo nublado y viajeros sin presupuesto para el tren o el avión. El autobús era lo más parecido a una atracción de feria de pueblo, por lo viejo y destartalado de su esqueleto, con un ruido en el motor de un querer y no poder lastimoso. El viaje duró unas dos horas y media largas, porque siempre a la salida de Padrid a primera hora de la mañana era algo complicado por culpa de los atascos. Después de salir de la gran ciudad y pasar por unos enormes túneles, empezó el desfile de pueblecitos  semi abandonados, habitados por ancianos sin futuro y por perros callejeros. Con casas de piedras y enormes campos de cultivo que  en otras circunstancias climatológicas y otra estación del año serían dorados como los campos del rey Midas. Pueblo tras pueblo, campos tras campos, muchos ríos y montañas después por fin llegué a Salamandra, que divisada a lo lejos solo se distinguía la catedral y muchos tejados y fachadas en diversas tonalidades de marrón.

Me apeé de la estación, ésta mucho más humilde que la de Padrid, con menos tránsito de gentes y mayor sobriedad. Y con la pequeña maleta en la mano y en mitad de la estación sin saber a donde ir, sin saber exactamente que hacer y sin una idea demasiado clara de mi nueva vida. Después de reflexionar un rato sentado en un banco de un parque al lado de la estación decidí ir en busca de una pensión, deshacer las maletas y comenzar con el trabajo. Empecé a caminar por la ciudad sin rumbo fijo en busca de la pensión calle tras calle, pero cuando había recorrido tres veces la misma me di cuenta que estaba totalmente perdido y aunque llevaba un mapa en la maleta la verdad es que nunca me orienté demasiado con él. Finalmente tras preguntar a un par de personas y seguir con mi caminata un rato más di con un hostal humilde donde sólo paraban viajantes y algunos inmigrantes. La habitación era pequeña con una cama estrecha y un diminuto cuarto de baño, también este pequeño palacete tenía una mesita con su silla a juego de madera  que daba muestras del largo pasar de los años en aquella habitación; la ventana era lo que más me gustaba de la habitación porque daba a una de calle estrechita pero bulliciosa de gente en el centro de la ciudad donde había las típicas tiendas de recuerdos para los extranjeros con todo sus objetos de cacharrería barata, típica y sin gracia; también había por lo que podía ver unos pubs que tenían muy buena pinta.

 

Al mediodía después de deshacer la maleta bajé a un bar enfrente de la pensión, pedí el menú y revisé los mapas de la ciudad para familiarizarme con las calles y hacerme la ruta de trabajo. Cogí el maletín y comencé con una urbanización de gente bien, de chalets adosados con su pequeño jardín, de calles rectas y bien trazadas que cruzaban perpendicularmente otras calles, la verdad es que aquella urbanización me recordaba al cubo de kubrick pero  solamente de una cara. Siempre me consideré un hombre ordenado y pensé que porque esta vez no lo iba a ser, así que empecé por el número uno de la calle coronel Buendía, llamé al timbre de una puerta que daba al jardín y al instante abrió la puerta de manera recta y eficiente una chica ecuatoriana con su traje de sirvienta como los que se ven en las películas con su cofia y todo.

 

- Hola buenas tardes, - como me temblaban las piernas- vengo en representación de la editorial Culturizada S. A. Para mostrarle las últimas novedades y viejos clásicos de la liter... – no me dejó terminar, con la excusa de que en la casa nadie leía, y me cerró la puerta en mis mismas narices sin dejarme que tuviera la más mínima oportunidad de convencerla de lo que vendía. Una de dos o ella estaba muy bien instruida por la dueña de la casa contra los vendedores ambulantes o se notaba que yo era un inexperto en esto de ir de casa en casa, aunque bueno tal vez hayan sido  por los dos motivos, pero bueno no podía dejarme amilanar por esta batalla perdida, la guerra aún seguía viva-.

 

Había recorrido cuatro calles preguntando en cada una de las casas y en todas la respuesta había sido o igual o muy parecida, la única que se salió de la norma de portazo en la nariz fue la casa de una señora ya mayor que me abrió ella misma, esta no debía tener criada, y nada más abrir empezó a contarme no se que rollo sobre la iglesia, los curas y un tal Pío no se qué y esta vez no hizo falta el portazo en la nariz no esta vez salí por piernas corriendo calle abajo como si el mismísimo diablo viniera a perseguirme. Ya sin aliento y unas calles más lejos paré a coger algo de aire y pensé en la situación tan ridícula, pero no lo pude evitar algo me impulso a salir corriendo; miré el reloj las nueve de la noche no estaba mal por un día viajecito desde Padrid, toda la mañana buscando alojamiento y toda una tarde de infructuosas visitas a domicilio, portazos y alguna carrerita que otra, me fui a una parada de autobús y tras coger  un par de ellos que no me dejaron en donde yo creía al fin llegué a la pensión, en la parte de abajo había un bar con los parroquianos de turno viendo el fútbol y jugando a las cartas, me senté en una mesa de una esquina dispuesto a cenar algo caliente y la verdad sea dicha caliente si estaba la sopa pero tanto mis sentidos de visión, olor y gusto se sintieron muy defraudados con aquel mejunje con fideos de caldo anaranjado e insípido. Así que con este bagaje en el estómago me fui a arriba, a mi humilde hogar en la llanura de la soledad de mi habitación a seguir con la lectura de aquel tocho que estaba leyendo cuando vino mi amiga Irene a traerme mi futuro, pero estaba tan cansado que me eché a dormir sin más, con la vana esperanza de que cuando despertara me echase a reír viendo que todo este jaleo de vendedor de libros a domicilio fuese solamente un mal sueño, o mejor dicho una pesadilla. (continuará)

6月29日

El viaje interior

 

Era un día tan gris, de esos en que no sucede nada mejor que transcurrir el tiempo, un día  en que apetece coger un buen libro y devorarlo. Y en esas me encontraba cuando sonó el dichoso timbre de la puerta.

-¡Jodido timbre!, debería desconectarlo algunas veces.

 Era Irene una vieja amiga de la escuela, una pesada que no me la quitaba de encima ni a golpes de indirecta, y mira que se me da bien; pero bueno que le vamos a hacer las amigas están para eso, para incordiar los días de lluvia y sosiego.

-¡Hola!, ¿qué estás haciendo?.

Entró como un huracán en una cacharrería, revolucionándolo todo y no dejando nada en su lugar.

- Pues ya ves intentando tener un poco de paz y tranquilidad para terminar este tocho que tan entretenidamente leía hasta que has venido, -comenté en tono irónico-, pero eso lo debería preguntar yo ¿no?.

- Bueno es que pasaba por aquí y decidí venir a hacerte una visita, ya sabes cumplir socialmente, -con lo que me fastidian esas cosas, que se hacen solamente para quedar bien-. Pero dime como va tu nueva obra maestra, porque estas trabajando en otra nueva obra maestra, verdad.

- No, ahora no. –Como la puñetera sabía meter el dedo en la llaga, conocía perfectamente que ese era unos de mis momentos bajos como escritor, que no me salía nada a derechas-. Estoy en un momento de reflexión profesional, buscando nuevos caminos y nuevos horizontes, a ver si esta vez consigo hacer la novela algo más comercial y que las editoriales  se atrevan a publicarme.

- Pero por lo menos seguirás escribiendo tus cuentos en esa revista, como se llamaba... a sí el megáfono, y colaboras todavía en el periódico provincial con tu columna, como era... ¡ah! Si ya recuerdo el flexo.

-  Mira bonita –contesté-  si sigo escribiendo en la revista, que por cierto no se llama el megáfono, se llama el altavoz, y si sigo colaborando con mi columna semanal en el periódico, ¡ah! Y por cierto mi columna se llama la bombilla; y gracias por leer lo poco que consigo que me publiquen, -a ver como encajas esa rica-.

-  No hace falta que te pongas así, encima  que me preocupo de ti. Y por cierto si leo lo que escribes por ahí pero sabes que tengo muy mala memoria para esos detalles.

Esta mujer tenía el don de enfurecer y hacer salirse de sus casillas a todo ser viviente, estoy seguro que si le dejan a un koala durante media horita,  es capaz de salir el koala convertido en una fiera que amedrentaría a un león. Así es ella, así es Irene, mi amiga.

Después de tomarnos un café y de que se me pasara el cabreo por la tarde perdida de lectura, me confesó que sabía por unos contactos que tenía ella –habría que ver que contactos tenía-, que estaba pasando una mala racha económica y que apenas conseguía que me publicaran algo de vez en cuando; y que no permitiría que ningún amigo suyo pasase por un bache sin ella poder solucionarlo –supongo que estaba más interesada en inmiscuirse en mi vida económica que en echarme una mano-. Así que me buscó una solución laboral de lo más deprimente, la de vendedor de libros a domicilio, pero no en mi barrio, ni en mi ciudad, no; a nivel nacional. Era algo tan humillante, y no es porque yo tenga nada contra los vendedores ambulantes, sino que un tipejo como yo que sueña todas las noches con el Nóbel de literatura tenga que ponerse a vender libros por ahí es algo descorazonador.

Eran tiempos malos y la inspiración y la suerte se habían ido de viaje al caribe, con que con el estómago vacío y la cabeza alta acepté este desafío, este reto que me permitiría absorber experiencias para mis novelas –tenía que mentalizarme de algún modo para sobrellevar el asunto-. En primer lugar y después de resolver todo el papeleo, normas y rutas por la península, quise ver el catálogo de libros que debía vender y descubrí una nueva sensación que me recorrió por el cuerpo al ver las lista de libros, una sensación de alegría y tristeza mezcladas con una pizca de lástima, porque había de todo en el catálogo, desde los clásicos griegos hasta libros de recetas de cocina pasando por los de autoayuda. Es fácil sentirse mal creyendo que llevas cultura a los hogares y luego ver que la cultura que llevas está mezclada de libros para inseguros aliñados con una salsa alioli. Pero a la vez puede ser gratificante el día en que vendas algo de Kafka o García Márquez; comprobarán después de esto que les he explicado la sensación tan extraña que tenía ese día al ver la lista de libros. (continuará).

6月27日

Princesa

--¡¡Ring!!....¡¡ring!!

-- ¿Si?.

-- Joaquin, soy yo Andrés, -dime Andrés, que querías-, ¿no sabes nada todavía?, -¿que tengo que saber?-, Joaquín...Diana ha muerto.

--¡Que!

-- Si ha muerto, lo acabo de leer en el periódico, al parecer había robado una farmacia y cuando estaba huyendo la policia le disparó. El entierro es esta tarde a las cinco.

-- Eh..Andrés luego nos vemos allí, necesito estar sólo un momento, luego hablamos.

-- Adiós Joaquin, se fuerte.

Sabia que al final Diana acabaría así, siempre lo he sabido. Desde que la ví por primera vez, en el instituto, recién llegada a la ciudad, sin conocer a nadie, ya se le veía en la mirada que esa chica era especial.Yo fuí el primero en acercarme a ella, en entablar una amistad, siempre estaba tan sola y sin hablar con nadie que decidí hacerme con su amistad. Nos hicimos amigos enseguida, le presenté a todos mis amigos hasta que llegó a ser una más. La verdad es que desde siempre me gustó, no tenía el cuerpo de una modelo, pero sin embargo yo estaba coladito por ella, tenía algo especial, quizá su mirada profunda.

El tiempo pasaba y yo seguía queriendola, pero nunca le decía nada, en esa época tenía la sensación de que ella era para mí y que nadie me la quitaría. Pues me equivoqué, ella se enamoró del típico pijito que tiene todos los caprichos que quiere. Fué por entonces cuando empezó su coqueteo con las drogas, los primeros porros, alguna pastilla que otra y de vez en cuando una raya. Con el pijo duró unos cuantos meses, hasta que él la dejó por otra. Volvió a salir con nosotros, pero ya no era la misma, no sabría definirlo bien, tenía una mirada más profunda, siempre muy silenciosa.

Yo esperaba a que el viento soplara a favor para lanzarme a por ella, pensaba que lo del pijo sería una racha para conocer otras cosas, pero que siempre volvería a mí. Pero me volví a equivocar, esta vez se largó con un fulano de muy malas pintas al que nadie conocía muy bien. No supimos nada de ella durante dos años hasta que se presentó en mi piso de estudiante (yo por esa época estaba en la universidad) con la cara hinchada por los golpes y un bebé entre los brazos. Al parecer el tío con el que se fué la pegaba dia si dia también, los dos estaban metidos en un submundo de chabolas y drogas, de alcohol y pequeños robos para pagarse sus vicios. Me hice cargo de ella y de su hija, sabía que la acogería, por eso siempre volvía a mí. Yo estaba dispuesto a abrirle mi corazón y a olvidarme de su pasado, acoger a su hija como mía y a que todos estos años de atras sólo hubiesen sido un mal recuerdo. Dejé de lado mis estudios de ingeniería para trabajar para que no les faltara de nada a las dos hasta que ella se recuperase. Fué una época de mi vida bonita a pesar de que casi trunco definitivamente mi carrera, la tenía a ella aunque su mente y su corazón no estuvieran conmigo; me hacía la ilusión de que la niña era nuestro fruto, que todo terminaría y algún día me quisiera.

Pero no, con ella sólo podía perder, nada podría salir bien. Se volvió a marchar sin decir nada, dejó a su hija con unos familiares lejanos y volvió con el estupido ese que la matrataba. No tenía remedio, no se daba cuenta que las cosas sólo podrían ir a peor con ese tio. Y en efecto esta vez se metió en una vorágine de trapicheos de drogas, de asaltos a farmacia, de tirones de bolso,amenazas con jeringuillas...La última vez que la ví con vida me dijo que quería volver conmigo, que no me abandonaría, que se había dado cuenta que me quería, pero esta vez no princesa le dije, esta vez no; hace tiempo lo hubiera dado todo por tí, lo habría dejado todo por tí, pero ya es tarde princesa, esta vez no voy a cargar contigo.

Adios Diana, adiós mi princesa es lo último que le dije y la besé en la frente. No supe nada más de ella hasta hoy que me he enterado de que ha muerto por un mísero asalto a una farmacia, para conseguir el dinero para su dosis. ¿Que habrá sido de su hija?, quizás mi destino era cuidar de una Diana, pero no mi princesa sino su hija, esta vez no abandonaré.

FIN 

6月20日

El principio

Abro los ojos, vislumbro luz entre imagenes borrosas. El murmullo de las voces de los que me rodean me empieza a llegar, lleno mis pulmones de aire y grito. Dejadme paso que estoy aquí, aque acabo de llegar a este mar de personas y sentimientos. Sigo gritando, me quiero hacer notar, comprendedme soy lo más importante para mí; aún no tengo bagaje para darme a los demás. La gente me rodea, me mira, ¿que pensarán?; acabo de llegar y la duda me asalta, ¿que seré, como viviré? y sobre todo ¿cuando moriré?. Si parece ridículo que estoy recién llegado y ya pienso en marcharme, pero es lo único seguro que tengo. Dejo de gritar, me tranquilizo, es mejor pensar en que es lo que voy a hacer, debo calcular bien mis pasos, no debo caer antes de tiempo; ya que estoy aquí quiero descubrir todo lo que me rodea, ser ambicioso con lo que acabo de obtener y no dejarme nada por hacer, no hay vuelta atrás, eso ya lo sé. Quizá mi estancia sea larga, o por lo menos eso espero, debería buscar en cuanto pueda alguien que me acompañe en descubrir que sucederá cada día. Tengo ganas de empezar, cuanto antes mejor, pero la verdad es que me encuentro cansado, ha sido mucho tiempo de espera sin poder percibir nada y un duro llegar hasta aquí, voy a descansar y cuando vuelva a vislumbrar la luz ya nada me podrá parar en conseguir todo lo que me propongo, voy a cerrar los ojos y a dejarme llevar...